Sara Poyatos

Sara Poyatos

agosto 21, 2018 ·

Cómo vencer el miedo

La valentía no es la ausencia de miedo, si no la capacidad para enfrentarnos a él. Nelson Mandela, con otras palabras, nos enseñó esto, y considero que es una idea clave a la hora de permitirnos “reaprender” sobre el miedo. En este artículo, te daré claves tanto para identificar como para comprender cómo nosotros ayudamos a nuestros pacientes a vencer el miedo.

Primero, hablemos del miedo

¿Quién no ha sentido miedo? Y sin embargo, es de las emociones más juzgadas. Tememos que nos puedan tachar, por ejemplo, de “cobardes” o “débiles” si lo mostramos, o incluso puede estar asociado a “infantil” o “inmaduro”, como si por ser adultos ya automáticamente no tuviéramos que sentir miedo porque… ¿por qué? Me pregunto. Es curioso, porque un adulto sin miedo sería un inconsciente, no maduro, ya que el miedo es la emoción natural que sirve para que nos protejamos cuando nos sentimos en peligro. Hasta aquí, sencillo pero, ¿qué nos hace sentir que estamos en peligro? En esto llega lo complejo, porque no siempre son aspectos racionales.

Si sientes que el miedo en lugar de que sirva para su función puntual de protección, te limita, ya sea en tu día a día porque está presente constantemente de diferentes formas, o porque no te permite llevar a cabo cambios que te harían vivir más plenamente, aceptar partes de ti, de la vida, etc. Es que es un problema, y es un buen momento para cuidarlo.

¿Cómo afrontamos el miedo desde la terapia?

a). Lo primero, como con todo, es aprender a reconocerlo, porque no siempre sabemos darnos cuenta de que lo que sentimos es miedo y, para esto, una guía y apoyo terapéutico puede ser muy útil. A veces el miedo lo traducimos a ansiedad, nerviosismo, bloqueo, pasividad (no hago nada, me desconecto y huyo por tanto) o sobreactividad (me ocupo mucho y así no siento o no lo afronto), dolor de estómago, lo cubrimos con excusas (“si en realidad no necesito….” o “¿para qué si…”) etc. Y seguidamente, el aceptarlo sin ponernos en juicio.

b). Así podemos llegar al siguiente paso: entender tu miedo. Con esto me refiero a ver si está asociado a algún evento traumático o no, desde cuándo está, preguntarte ¿es un miedo mío? ¿o de quién es? ¿lo tiene alguien más a mi alrededor? y muy importante: entender de qué te quiere proteger ese miedo, es decir, para qué está en tu vida. Por incómodo que sea nuestro miedo, siempre hay beneficios que sentimos que compensan el sufrirlo, ya sea a nivel consciente o insconsciente. Por ejemplo, inconscientemente: prefiero quedarme en casa de mis padres sin trabajo a arriesgarme a lanzarme y descubrir que “no valgo”.

Comprender tus miedos es importante, porque muchos son irracionales y están asociados a inseguridades y creencias que tenemos interiorizadas y que nos limitan muchísimo.

Esto significa que entendiendo tus miedos:

  • Entenderás más partes de ti mismo, heridas y necesidades que si no, puedes estar dejando desatendidas y seguirán limitándote.
  • Y además, te servirá para que tu miedo esté delimitado, tenga forma y sentido y deje de ser algo cada vez más grande y difuso que sentimos incontrolable, para que puedas ver el poder que sí tienes frente a él.

c). Parte del trabajo para afrontar y liberarnos de un miedo es dejarnos sentirlo poco a poco, y para esto es MUY importante que tengas un buen apoyo y un ambiente protegido y seguro donde te sientas muy sostenido.

Esto lo cuidamos con el espacio y la relación terapéutica porque, el problema de los miedos (sobre todo cuando son antiguos) es que generalmente no hubo nadie que nos ayudara a entenderlos y sostenerlos cuando no teníamos herramientas suficientes para ello. Esto hace que el que ahora puedas dejarte sentir poco a poco ese miedo en compañía, sostén y protección, puedas ir liberándolo y procesándolo de otra forma que incluye: la liberación emocional (de miedo, rabia, etc.) con tu terapeuta, y el ir conectando con tu poder frente a él.

d). Otra parte va a ser adquirir y descubrir tus herramientas frente al miedo. Se trata de ayudarte a que desarrolles y aprendas ejercicios y opciones que hayas trabajado con tu terapeuta para cuando el miedo aparezca. Puede ser desde técnicas para calmarte, formas de contactar, de manejar la angustia, de no sentirte solo, de expresar y liberar el torrente de emoción que puedas sentir dentro de ti, visualizaciones, gestos y/u objetos que puedan conectarte con seguridad…. Todo en función de tu necesidad y de lo que te sirva a ti.

e).  Conectar con el poder se basa en que puedas interiorizar que ya no eres una persona indefensa ante el otro o ante la situación, que tampoco son ya las mismas personas ni la misma situación que lo que viviste y sobre todo: que tienes poder de acción y decisión, así como el ganar la seguridad de que puedes cuidarte y estar bien pase lo que pase.

A veces, la capacidad para relativizar también está unido a ganar poder frente al miedo, por ejemplo: “¿qué es lo peor que puede pasar? Puede no ser fácil, pero no es el fin del mundo”. Esto es posible cuando nuestro poder y confianza ya ha crecido y tenemos herramientas y apoyo para cuidarnos ante esas posibles consecuencias.

f). Por último: dar los primeros pasos, ese saltito de decisión al respecto. Esto va de la mano a ir dejándonos sentir poco a poco ese miedo pero ya probando a dar pasitos, siempre con el apoyo y protección de tu terapeuta y personas seguras para ti. El miedo se afronta mejor y es más fácil dar pasos cuando no estamos solos y alguien nos ayuda a sostenerlo.

Siempre vamos a tener que dar ese primer “salto de fe” a la hora de cruzar la línea y afrontar el miedo, pero se lleva mucho mejor con paracaídas: cuidando los pasos previos, estando acompañado y sostenido de cara a ello, con más herramientas y estando en una posición ya muy distinta frente a ese miedo.

Una vez que nos atrevemos a afrontarlo por primera vez y comprobamos que no pasa nada malo, sino que hasta nos sentimos mejor, es más fácil que poco a poco se integre y se normalice, de forma que cada vez cueste menos.

Y ahora, ¿quieres?

Detrás de vencer el miedo hay una redecisión nueva que llevamos a cabo a nivel interno: hacia nosotros, hacia el otro, hacia creencias… Redecisiones que nos hacen reencontrarnos de una forma menos limitada y más libre.

Puedes. La pregunta es ¿quieres?

 

 

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